
Hablemos sobre la luz emitida por los calentadores de baño.
La mayoría de los calentadores infrarrojos emiten todo tipo de luz, incluyendo luz azul de alta intensidad y rayos UV. Si alguna vez has sentido un dolor agudo en los ojos al mirar directamente un calentador, ese es el motivo. Es un problema, especialmente si tienes un bebé en la bañera.
Para solucionarlo, elegimos cuidadosamente los materiales que utilizamos. Utilizamos filamentos especiales y un revestimiento de cuarzo para filtrar esos picos de luz de onda corta.
Proteger tus ojos
Ese revestimiento en el cuarzo no sirve para hacer que la luz se vea “bonita”. Se trata de cuestiones físicas: básicamente, reducimos el haz de luz para que la energía quede dentro del rango de ondas largas del infrarrojo.
El resultado? Obtienes calor en tu piel y en las toallas, pero sin ese resplandor deslumbrante que te obliga a entrecerrar los ojos. Es mucho más cómodo para los ojos.
Calor sin riesgos
Nadie quiere esperar diez minutos a que el calentador funcione. Hemos ajustado los elementos para que alcancen la temperatura rápidamente. Pero hay que encontrar un equilibrio: queremos suficiente calor para secar las toallas, pero no tanto como para causar quemaduras si uno toca accidentalmente la superficie. Dado que la luz es solo un efecto secundario del calor, ajustamos los filamentos para mantener la luz suave y cómoda.
Los compromisos
La verdad es que, debido a que utilizamos revestimientos para proteger tus ojos, pierdes un poco de potencia de calentamiento en comparación con esas lámparas industriales transparentes que se usan en los almacenes.
Es un compromiso que estamos dispuestos a asumir. Un poco menos de potencia de calentamiento es un precio pequeño a pagar por una fuente de luz segura.
Un consejo: no intentes “arreglar” esa ligera disminución en la potencia aumentando los vatios. Si excedes la especificación del foco, corres el riesgo de dañar o sobrecalentar el dispositivo. Simplemente sigue la potencia recomendada para tu aparato y estarás bien.